Lujo

Este aislado pueblo, en medio de los caminos naturales que por los ríos Llanteno e Izalde descienden de Sierra Salvada al centro del valle de Ayala desde Añes y Lejarzo o Menoyo y Quejana, siempre se ha caracterizado por su escasa población. Sus recursos siempre han sido escasos, como lo muestra la documentación del siglo XVI en la que se indica que la renta anual de la parroquia era de 9 fanegas de grano, una de manzanas, un cordero y medio y 179 maravedís, una de las más bajas entre las parroquias de la Tierra de Ayala.

Durante todo el siglo XVI su población se compone de 6 vecinos, que ascienden a 10 en el siglo siguiente. En el censo de 1789 se computan 59 habitantes “todos labradores e hidalgos”. Durante el siglo XIX mantiene su población que desciende a partir de inicios del siglo XX, cuando de los 10 edificios del lugar sólo se habitaban 4 con 16 habitantes. A mediados de siglo la población había ascendido ligeramente a 24 habitantes, número reducido a 7 en 1970 y a 4 en 1986. En la actualidad sólo vive en Lujo una familia dedicada a la ganadería.

Una de las actividades principales de este pueblo ha sido la cantería, con la existencia de varias canteras de las que se extraían piedra y losas. Esta actividad queda reflejada en la construcción de los edificios del pueblo, con finas labras en muros, sillares, aleros y suelos enlosados.

Lujo no ha contado nunca con escuela, acudiendo los niños al vecino pueblo de Erbi, del cual también dependía el servicio de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. este templo de nueva planta fue realizado por Domingo de Dureda en 1745 y el retablo se colocó en 1750. También existió una ermita  dedicada a Santa María Egipciaca, la cual, en la visita pastoral de 1791 se encuentra en tal mal estado, que el obispo disponía que de no repararse, debería demolerse.


- Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria: Las vertientes cantábricas del Noroeste alavés/Micaela Portilla.

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