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23/1/21

Escuela de Añes

Numerosos jóvenes de Ayala emigran a Buenos Aires en 1862 para reunirse con Raimundo Udaeta. Nació en Añes el 26 de abril de 1817 y era hijo de Raimundo Udaeta Irabien y Francisca Arechabala Villodas. En 1887 regresa a España y se instala en Madrid donde residían varios de sus hermanos. Su esposa Leonor Rambaud y Moyano edificó la escuela y restauró la iglesia en Añes en 1911 en memoria de su esposo. Nacida el 4 de octubre de 1827, en Corrientes (Argentina) era hija de José Joaquín Rambaud y Genara Moyano. Fallecida el 25 de julio 1926 en Almirante Brown. En el Ayuntamiento de Laguardia hay una placa en su memoria, en la que se la reconoce como benefactora del pueblo en el que construyó diversos equipamientos, como el Hospital San Raimundo, que se creó en el año 1920, como un centro de atención sanitaria para personas sin recursos económicos. 

Imagen de la revista la Hormiga de oro del 16 de septiembre de 1911

6/12/11

Emigrados de la familia Del Campo Menoyo de Añes a América

Los padres, Gregoria y Máximo, vivían en el caserío Orzanico de Añes con todos sus hijos. La familia era numerosa y sobre todo compleja dado que Máximo se casó cuatro veces. Con las dos primeras mujeres no tuvo familia, con la tercera, tuvo cuatro hijos: Atanasio, Jacinto, Emilia y Eusebia. Con la cuarta tuvo seis: Emeterio, José, Andrea, Macario, Gregorio y Ángeles.
Gregoria Menoyo
 La explotación del caserío no proporcionaba recursos suficientes para mantener a toda la familia. Ésta era una situación habitual de aquella época, por lo que no era inusual que los hijos varones emigraran a otras tierras en busca de un trabajo que les permitiera hacer un capital con el que volver a España y establecerse dignamente o bien retirarse.
En el caso de la familia del Campo comenzaron a emigrar los hijos mayores, Atanasio y Jacinto. Eligieron como destino Cuba y hacia allí embarcaron juntamente con sus primos los Cuadra. Tenían 15 y 13 años. Una vez en Cuba se establecieron en el municipio de Consolación del Sur y tras mucho trabajo y esfuerzo consiguieron abrir una tienda, más bien un almacén de suministros. Una especie de Corte Inglés a la cubana donde los habitantes del lugar podían comprar de todo y en el que además había suministros agrícolas y ganaderos para las granjas.
Los inicios fueron muy duros y la vida se reducía al trabajo. Vivían en la misma tienda durmiendo encima del mostrador o sobre los sacos de grano o de harina y se trabajaba todo el día, sin horario, descansando únicamente el domingo. De Atanasio, el mayor de los del Campo, tan sólo sabemos que murió en la guerra de liberación de Cuba. Jacinto murió en una pelea por una mujer.
Aquel tipo de vida, con el trabajo como único objetivo, agotaba física y psicológicamente a sus protagonistas. Periódicamente volvían a España a descansar durante varios meses o bien se retiraban relativamente jóvenes. Para perpetuar el negocio, la retirada de los mayores se simultaneaba con la incorporación de miembros más jóvenes de las familias Del Campo-Cuadra. En 1908 se incorpora José del Campo, y dos años más tarde en 1910, Macario del Campo.
A pesar de que el negocio había prosperado, los recién incorporados se sometían al mismo ritmo de vida que los fundadores, viviendo y durmiendo en el almacén. Con el transcurrir de los años José y Macario fueron subiendo de categoría convirtiéndose en los “mayores” del negocio.
Macario y su esposa
 En 1921, Macario lleva 11 años en Cuba y regresa a descansar a España. A su vuelta lleva a su hermano pequeño Gregorio. Poco después de la llegada de ambos, Macario enfermó de tifus. Como estaba muy grave y la atención médica en Consolación del Sur era casi nula, deciden trasladarle a una clínica de La Habana. En una camioneta en condiciones bastante precarias, Gregorio acompaña a su hermano en el viaje. Durante el camino Gregorio bebió gaseosa de la misma botella que Macario y se contagió contrayendo a su vez el tifus. Macario superó la enfermedad, pero desafortunadamente, Gregorio murió en la clínica. Macario, en 1929 regresó definitivamente a España, dejando como administrador de sus fincas y bienes a Eugenio Aldama, su socio y sobrino de Juan Cuadra.
En Añes está la ermita de San Sebastián, de la cual ya hay datos en 1646. En 1858 es reedificada por Pedro de Angulo y en 1926 es Gregoria Menoyo quien la reedifica en memoria de su esposo Máximo Campo. Es casi seguro que el dinero que permitió este arreglo proviene de las partidas que mandan desde Cuba los hijos del matrimonio. En la actualidad esta ermita se encuentra en bastante mal estado.
placa en la ermita de San Sebastián de Añes
Fuente: Para que no se olvide/Isabel Barcina

4/6/09

Una historia de genios

Los genios, que en algunos lugares dicen que tienen aspecto de insectos y en otros que son pequeños hombrecillos que van vestidos con unas calzas rojas, son unos personajillos capaces de los mayores portentos y que ayudan a aquél que los posee. Lo mismo pueden hacer que una yunta de bueyes gane una apuesta de arrastre, que pueden arar un campo en un abrir y cerrar de ojos o incluso trasladar a su dueño a largas distancias. Sobre estos seres mágicos hay una leyenda centrada en el pueblo de Añes que es la siguiente:
En Añes vivía un hombre que era tenido por brujo. Su casa estaba un poco apartada del pueblo y nadie se acercaba por allí a menos que tuviese una buena razón para hacerlo. Todo el mundo le temía pues era capaz de acabar con una buena cosecha o de desaparecer durante varios días y volver inesperadamente trayendo de los países más lejanos objetos o pócimas que luego utilizaba para su magia.
Durante muchos años hubo una cierta armonía entre los habitantes del lugar y el brujo; los lugareños para tenerlo contento le ofrecían provisiones y leña para el fuego. Pero, con el tiempo, el brujo fue convirtiéndose en un ser ambicioso y desagradable. Empezó a exigir más y más cosas. Si un día veía un caballo que le gustaba se lo pedía al dueño bajo la amenaza de hacer morir a todos los animales de su cuadra... Otro día se encaprichaba de un jamón colgado en alguna cocina o de una barrica de buen vino...
Los habitantes del pueblo soportaban su tiranía porque no convenía tenerlo por enemigo. Pero cada vez era más difícil contentarle y sus rabietas iban en aumento.
Todo hubiese seguido igual si, un día, el temido brujo no hubiese decidido casarse. mandó un recado al alcalde diciéndole que deseaba elegir esposa y que, por lo tanto, le tuviese preparada una muchacha para el día siguiente. En caso de que no se atendiese su petición, destruiría el pueblo.
Ante tal amenaza, el alcalde no tuvo más remedio que elegir a una joven del lugar llamada Grazia. Ésta era una joven muy alegre, guapa y, además inteligente. No estaba dispuesta a casarse con el brujo por nada del mundo pero tampoco quería que le ocurriese nada al pueblo.
No sabiendo como solucionar el problema, aquella noche se acercó cautelosamente hasta la casa del brujo y se puso a mirar por la ventana. El brujo se encontraba trabajando una de sus mezclas. Echaba hierbas y polvos en una gran olla y luego lo revolvía todo con un gran palo. Estuvo así durante mucho tiempo, pero al intentar retirar la olla del fuego, no pudo hacerlo. Entonces cogió una hoz que tenía encima de la mesa y, al soltar el mango salieron de él cuatro hombrecillas vestidos de rojo que se pusieron a dar saltos mientras decían:
- ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué quieres que hagamos?
- Retirad la olla del fuego -les contestó el brujo.
Ante el asombro de Grazia, los cuatro enanillos cogieron la enorme olla y la retiraron del fuego.
- ¿Y ahora que quieres que hagamos? -volvieron a preguntar
El brujo los puso en la palma de la mano y contestó:
- Ahora nada, queriditos. No sé lo que haría sin vosotros... Si supieran en el pueblo que vosotros sois mi magia... Ja, ja, ja... pero... ¡nunca lo sabrán! Si mañana no me han elegido una novia, os mandaré para que destruyáis el pueblo, asoléis los campos y matéis todos los animales... Y ahora, meteos en el mango de la hoz.
Así lo hicieron los cuatro geniecillos y el brujo apretó el mango a la cuchilla. luego apagó la luz y se fue a dormir.
Grazia estuvo durante un largo tiempo quieta, sentada debajo de la ventana, pensando. Tomó la determinación de robar la hoz y, con mucho cuidado abrió la ventana y se metió en la casa. Se acercó a la mesa y cogió la hoz. Entonces los geniecillos empezaron a gritar:
- ¡Amo! ¿Eres tú? ¿Que quieres que hagamos?
Grazia salió corriendo de la casa con la hoz en la mano, pero el ruido que hizo y los gritos de los geniecillos despertaron al brujo que, al darse cuenta de lo que ocurría, saltó de la cama y empezó a perseguirla. Grazia corría y corría pero el brujo corría más deprisa.
- ¡Devuélveme la hoz! -gritaba.
Grazia, deseperada, veía como el brujo se le iba acercando y ya estaba tan cerca que la muchacha se paró en seco y con todas sus fuerzas lanzó la hoz que fue a caer al camino de piedra. La hoz rebotó tres veces y el mango se rompió. Al instante salieron los cuatro geniecillos y desaparecieron.
El brujo se detuvo. Empezaba a amanecer.
- ¡Desgraciada! ¿qué has hecho? -dijo con una voz muy débil.
Grazia se volvió a mirarle. ¿Era cierto lo que estaba viendo? ¡El brujo estaba desapareciendo! En pocos segundos sólo quedó de él la túnica. Grazia fue corriendo hasta el pueblo y contó lo ocurrido. Se formó una cuadrilla para ir a investigar pero cuando llegaron al lugar donde se encontraba la casa del brujo no encontraron nada. Todo había desaparecido.
Durante muchos años los habitantes de Añes intentaron apoderarse de los geniecillos dejando un mango de hoz encima de un zarzal en la noche de la víspera de San Juan. Pero, que nosotros sepamos, todavía nadie lo ha conseguido.
Historia escrita por Toti Martínez de Lezea a partir de una leyenda recogida por José Miguel de Barandiaran

21/4/09

La historia de San Ramiro de Añes



Ynlaudena Sancti Raniri
Martyris ab Agarensis
occisi et in Icclesia Pagi
do Añez reconditi

Oid vecinos de Añez
Oid que contaros quiero
la Historia de sn Ramiro
do vuestra Yglesia ornamento
Os contaré su constancia
la fé, la firmeza, el celo
la impavidez, la alegria
y el heroico ardimiento,
con que el martirio sufrió
dando al alfange su cuello
por lasta Religión
de Jesucristo, bien vuestro;
escuchadme, estad devotos,
prestadme atención, que empiezo
En tiempo que el moro infiel
hollaba de España el suelo,
en castigo de la culpas
de este desgraciado Reyno:
en Sn Pedro de Cardeña
muy antiguo Monasterio
de Padres Benedictinos,
célebre en todos aspectos;
moraban doscientos monges
con Esteban, su maestro.
Pasaban allí la vida
dando de virtud ejemplo,
en retiro, en penitencia,
en oración y silencio
ofreciéndose al Señor;
víctimas de su amor tierno.
Todo lo llegó á entender
un Comandante Agareno
que con su morisca tropa,
se acercaba á aquellos pueblos;
y picado de codicia
de odio y aborrecimiento
contra los siervos de Dios
se dirigió al Monasterio.
El Santo Abad que lo supo
y advirtió como discreto,
lo que se podía esperar
de aquel infiel monstruo horrendo,
á todos los Religiosos
los convocó en el momento,
y diz, que así les habló
con el más cordial afecto:
Hijos mios, ya llegó
aquel venturoso tiempo,
en que si amamos á Dios
y sus santos mandamientos
á vista del mundo todo
así lo manifestamos.
Un bárbaro Musulman
vereis pronto en el Convento
sediento de nuestra sangre,
en odio del Evangelio
¿Hay alguno entre vosotros
tan cobarde é indiscreto
que por conservar la vida
quiera tal vez...? no lo digo,
os injurio si lo pienso.
Ese asomo de sospecha
(todos aquí respondieron)
el pecho nos ha llenado
de amargura Padre nuestro.
Habiendo venido aquí
voluntarios y contentos
por amor de Jesucristo,
y por conseguir el Cielo;
y estando ya acostumbrados
á vivir como muriendo
por alcanzar tanto bien,
tan grande y sublime objeto:
¿Seremos tan insensatos,
tan pueriles y tan ciegos,
que queramos perder todo,
en el crítico momento?
¿Tan tímidos nos recela?
¿Tan flacos y tan perversos?
¿Tan poco fieles de Dios,
y á su vez tan poco atentos?
Somos hijos de Benito
y todo se dice en esto.
En esta plática estaban,
cuando afligido el portero
entra al Claustro dando voces:
huyan todos, y huyan presto;
ya están los Moros ahí,
y vienen al Monasterio.
Que turbantes ¡y que barbas!
que alfanges! Vaya son fieros.
Tan pronto como lo dijo,
se empezó á oir el estruendo
de toda la algarabia
que formaba el regimiento.
Llegan á la Portería
con belicoso denuedo
y poniendo sable en mano
atropellan el Convento.
Por aca y alla discurren
de sangre humana sedientos,
hasta que dan con los Monges
que como mansos corderos
en el Claustro reunidos
pedían á Dios aliento.
Furibundos les envisten,
les derriban en el suelo,
los llenan de puntillones,
bofetadas, y denuestos.
Por fin, degüellan á unos,
a otros los parten por medio,
á este le perniquebran,
y á aquel le muelen los huesos,
hasta que acabando así
en número de doscientos,
como víctimas sagradas
á la gloria se subieron.
En la sangre rebolcados
quedaron los stos. cuerpos
insepultos, hasta tanto
que los Bárbaros se fueron.
El caso se divulgó,
los cristianos acudieron,
y con gran veneración
alli mismo do murieron
una honrosa sepultura
á todos ellos les dieron.
Escuchad, aquí un prodigio,
que cuentan los que lo vieron.
Los días de aniversario
desta matanza y degüello,
dicen que de roja sangre
las paredes se tiñeron;
queriendo Dios demostrar
con tan pasmoso portento,
cuan agradable le era
la memoria de sus siervos.
Dichosos, pues ó vecinos
de Añez, lo sois por cierto
porque á vuestra Yglesia vino,
y de Cardeña trajeron
de uno de estos stos Monges
una Reliquia, ó fracmento.
De uno, si, no lo dudeis,
pues consta de un documento,
que es el Martir Sn Ramiro,
hijo de aquel Monasterio.
La auténtica asi lo dice,
Y esta firmada de acuerdo
Por Prelados respetables
Con correspondiente sello.
Vuestra fé, no necesita
de tanto razonamiento,
porque á los sencillos, Dios
suele alumbrarlos por dentro.
Os lo digo á fin de que
zaherido vuestro celo
respondais de vuestra fé
al atrevido, al incredulo
que pretenda despedir
á Ramiro, de este templo.
Mas también debeis saber
que á fin de que sea completo
vuestro culto al Martir Snto,
y que el os traiga á su tmpo
las lluvias a vuestros campos
cuando estén de agua sedientos;
el sol sobre vuestras parvas
y el fresco a vtros graneros,
a vuestras almas la gracia,
y la saluz á los cuerpos;
es preciso que guardeis
los Divinos Mandamientos,
que aborrezcais el pecado,
aun mucho más que el Infierno.
En una palabra, que
á sn. Ramiro siguiendo
ó imitando de su vida
la fé, la paciencia celo,
merezcais su protección
y despues verle en el cielo.
Amen
En la parroquia de Añes se conserva un trozo de tibia procedente de uno de los doscientos monjes muertos por los árabes en San Pedro de Cardeña en el siglo X
La reliquia fue traída por Fray Ramiro Bernárdez, quien estuvo al frente de la parroquia de Añes desde 1797 a 1801 y desde 1814 a 1841. Como se ignoraba el nombre del monje a quien pertenecía el trozo de tibia se le puso el nombre de San Ramiro en homenaje al promotor de la idea. De todos los mártires de Cardeña éste y el abad, Esteban Sancho, son los únicos que tienen nombre.
Es en 1827 cuando el abad de San Millán da la licencia que autoriza el culto a la reliquia: “Damos a nuestro teniente cura de la Iglesia Monasterial de San Vicente de Añes, una de las de nuestra jurisdicción episcopal, la competente licencia, según que por derecho nos corresponde, para que pueda exponer a la pública veneración el fragmento del hueso sagrado colocándole al intento en lugar y con la decencia correspondiente en dicha iglesia”.
No se sabe como ni cuando llegó la reliquia, pero la tradición cuenta que la trajeron desde San Millán de la Cogolla seis frailes, a los que en Quincoces y Angulo se les unieron vecinos de estos pueblos para acompañarles hasta Añes donde fue recibida el 14 de marzo de 1828.
La fiesta de San Ramiro fue fijada el 21 de mayo y acabó sustituyendo a la fiesta del pueblo, que hasta ese momento se había celebrado el 22 de enero, día de San Vicente Mártir, santo titular de la parroquia.
Hasta hace pocos años fue grande la devoción que en Añes y en los pueblos de alrededor se tuvo a esta reliquia, especialmente por los enfermos de la vista.
En relación con esta historia, se conserva en el archivo de Menoyo el documento, arriba copiado, que relata como fue la matanza de los monjes de San Pedro de Cardeña. En el documento no figura ninguna fecha, pero es muy posible que sea de la época en la que la reliquia llegó a estas tierras.