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24/10/09

José Aldama Irabien

Nació en Quejana, de una de las familias más importantes de la tierra de Ayala. Su padre había sido corregidor de Burgos y de Béjar y alcalde mayor de la Isla de León y su hermano tuvo una brillante carrera militar, siendo capitán general de Baleares en 1839 y de Madrid en 1840, senador vitalicio y caballero de Carlos III.

Licenciado en Derecho y abogado, ejerció como tal en Vitoria hasta su muerte en 1837. Se casó en 1822 con Casilda de Ugartebidea y Unzueta y tuvieron un único hijo. Participó activamente en la vida política alavesa desde finales del siglo XVIII, tanto en la administración militar como en la político administrativa. Firme defensor de la legalidad constitucional, reaparece siempre en los periodos constitucionales como hombre de confianza. Fue el primer director del Boletín Oficial de Álava y uno de los redactores del Correo de Vitoria. Murió en 1837 durante una revuelta militar.

Entre sus cargos políticos fue Secretario de la Provincia y Secretario del jefe Político de Álava, además de encargarse de la gestión de diversos asuntos como la incorporación de mozos a filas, revisar la Compañía de cazadores, redactar los cuadernos de población y organizar nuevos ayuntamientos constitucionales en el valle de Losa. De resultas de esta gestión, en 1823 se establecen los ayuntamientos de Berberana, Villalba de Losa y Villacián.

En 1812 fue nombrado Padre de la Provincia, junto con Emeterio de Ordozgoiti y Manuel Ignacio Ruis de Luzuriaga. También fue diputado en Cortes, sustituyendo a Manuel de Arostegui, y se le otorgó poder para representar a las Juntas Generales como comisario en Corte. El 28 de agosto de 1836 fue nombrado por el gobernador militar de Álava, José Mauri, miembro de la Junta Provincial interina compuesta por los individuos que pertenecían a la Diputación alavesa constitucional en 1823: Justo Basáez, y José Esteban de Bustamante. Se le ve como consultor y asesor jurídico desde agosto de 1836.

Diccionario biográfico de los Diputados Generales, Consultores y Secretarios de Gobierno de Álava (1800-1876). Varios autores (Mikel Urquijo, director)

21/6/09

Ermitas de Ayala


En Ayala contamos con varias ermitas dedicadas al culto de la Virgen. Las 3 más conocidas son: Nuestra Señora de Etxaurren en Menoyo, Nuestra Señora de las Nieves en Quejana y Nuestra Señora de la Blanca en Llanteno.

La devoción a la Virgen de Etxaurren, considerada por muchos como la patrona de Ayala, no tiene un origen claro, pero hay constancia de que la imagen original era del siglo XIV, así que se cree que la ermita existe por lo menos desde esa época.

El actual edificio fue construido hacia el año 1600 y sufrió una completa restauración partir de 1770, ya que estaba casi en ruinas. Debido a su construcción sencilla, casi sin cimientos y a su exposición a los fuertes vientos del sur, las obras de reparación han sido constantes y, aún hoy, son necesarios continuos arreglos para que la ermita se mantenga en buen estado.

Antiguamente eran 3 los días especialmente festivos en los que se hacía rogación a Nuestra Señora de Etxaurren: el 25 de abril, San Marcos; en mayo, la antevíspera de la Ascensión; y en junio, en víspera de San Juan. El día de San Marcos, la procesión partía de la parroquía de Quejana y se caminaba hasta Etxaurren cantando la letanía de los Santos. Era costumbre que desde los pueblos de alrededor se llegase en procesión a la ermita con el cura a la cabeza y que celebrasen la misa según iban llegando, habiendo un interés especial por cada pueblo en ser los primeros en llegar.

En la actualidad, la fiesta de la Virgen se organiza el 8 de septiembre y el domingo que queda más próximo a esa fecha. Hay misas todos los primeros sábados de mes y se hacen algunas celebraciones particulares como bodas, bautizos o comuniones.

La ermita de Nuestra Señora de las Nieves y Santa Lucía es el resultado de la unión de 2 ermitas anteriores existentes en Quejana. Debido a su mal estado fueron derribadas y con sus restos se edifico la existente actualmente, la cual se acabó de construir en 1730.

Se trata de una ermita pequeña en comparación con las otras 2, de una sola nave presidida por un retablo barroco con la imagen de Nuestra Señora de las Nieves en el centro y en la parte alta la imagen de Santa Lucía.

La fiesta en Honor de la Virgen de las Nieves se celebra el 5 de agosto y existe la tradición de llevar la Virgen a la parroquia para devolverla en procesión a la ermita. Antiguamente eran las mujeres solteras del pueblo quienes transportaban la imagen.

La ermita de Nuestra Señora de la Blanca parece tener su origen en el siglo XIII. La tradición cuenta que hubo discusiones entre los de Menagaray y Llanteno sobre el lugar en el que debía construirse la ermita y que los materiales preparados por los de Menagaray aparecían en Llanteno.
Como era costumbre, la ermita ha recibido numerosas donaciones a lo largo de la historia, incluso desde América. Era costumbre ofrecer a la Virgen el peso de los niños en grano. Todas estas donaciones sirven para mantener y hacer reparaciones en el santuario. A partir de 1708 se hizo una obra tan importante, que cuando finalizó en 1712, la ermita fue bendecida de nuevo.

En cuanto a la actividad eclesial, antiguamente se hacían rogativas los 3 días anteriores a la Ascensión. El lunes se hacía procesión por detrás de la iglesia. El martes se iba de la iglesia hasta San Román en rogativa, el miércoles se subía a la Blanca; por el camino se rezaba el rosario y la letanía para que hiciera buen año. El día de la Blanca era el de la festividad de san Justo. Se subía a la ermita y se hacía misa por la peste que había asolado Llanteno, también acudían los de Retes de Llanteno. Los pueblos de Menagaray y Retes de Llanteno tienen promesa de acudir todos los años por haber sido liberados de una peste que llegó hasta Beotegui. En la actualidad, el día de la fiesta es el 6 de agosto, pero también suelen celebrarse misas en diversas festividades de la Virgen.


20/4/09

Las tres misas de Quejana


Por los años de mil cuatrocientos y tantos hubo cuestiones muy graves entre ayaleses y losinos sobre el aprovechamiento de los ricos pastos de la sierra que dicen tomó el nombre de Salvada, porque se salvaron por ella los restos del ejército leonés, destrozado en Padura y acaudillado por el príncipe leonés que duerme el sueño eterno en el pórtico de la iglesia de Arrigorriaga.

Un día vinieron á las manos, hacia el sitio que desde entonces tomó el nombre de Peña de la Sangre, y en la pelea murieron tres ayaleses de las principales familias de aquella noble tierra. Estos homicidios trajeron grandes persecuciones judiciales sobre los losinos, pero al fin, las familias de los muertos perdonaron a los matadores, y entre los habitantes de aquende y allende la Peña se celebró una concordia que aun subsiste, en la que se impuso a los losinos una obligación que aun cumplen con tanta religiosidad como vergüenza y pena.

Hace más de cuatrocientos años, el día de San Juan Evangelista, precisamente cuando la soledad de Quejana deja de serlo, porque se celebra allí una de las ferias más concurridas del Ebro abajo, aparecen en las alturas tres hombres vestidos de negro y descienden al valle, mientras los siguen con la vista la multitud que esperaba con curiosa impaciencia su aparición. Aquellos hombres son tres sacerdotes losinos que bajan a decir tres misas en la iglesia parroquial de Quejana para el eterno descanso de los tres ayaleses que fueron muertos por los vecinos de Losa en la Peña de la Sangre.

Los losinos han tratado muchas veces de redimir con oro esta carga para ellos penosísima y triste, porque creen que pesa sobre su honra; pero los ayaleses no lo han consentido. ¡Quién sabe si el haberse perpetuado la memoria del homicidio de los ayaleses, lejos de ser un gran mal es un gran bien para los losinos, a quienes este triste aniversario enseña cuán larga es la duración de las manchas de sangre humana!

(Texto aparecido en la revista Euskal -Herria en 1883. Autor: Antonio Trueba de la Quintana)