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10/8/09

Algunos datos históricos sobre Izoria

Cuando el geógrafo Tomás López preparaba su Diccionario Geográfico a fines del siglo XVIII, observaba que el emplazamiento de Izoria, regado por el río de su nombre y situado en el centro de la Tierra de Ayala, podría motivar un curioso fenómeno que el geógrafo recoge según datos de 1748: de los 2 alcaldes de la Hermandad de Ayala uno tenía que ser "de los lugares que están a la izquierda del río que pasa por Izoria y el otro de los de su derecha, de suerte que ambos alcaldes puedan estar en Izoria por estar sus casas a una y otra parte del río".
El río Izoria, debido a su recorrido motivó la importancia de este pueblo en las antiguas comunicaciones con Bilbao, Orduña y Arceniega. Además, se aprovechaba el curso rápido de sus aguas con un molino y las 3 ferrerías que, aunque en decadencia, se registraban en el lugar a mediados del siglo XIX. En el cruce de Arechabala se encontraba la casa mesón y venta del mismo nombre, que al mediar el siglo XVIII se documentaba junto al "Camino real que se pasa a las aduanas de Orduña y Balmaseda, puerto de Bilbao y otras partes", junto al puente de Arechabala, construido en el mismo punto en que el río Izoria cortaba el Camino Real de Lezama a Arceniega y Balmaseda.
El poblamiento de Izoria, disperso a lo largo de las orillas y márgenes elevadas del río, dio origen a sus 13 barrios, algunos ya despoblados. Aparte del de la iglesia, llamado barrio de Ripa, y el de Arechabala, ya citado, documentamos los de Ibarra, Ibargüen, Aguirre, Chabarri, Arecha, bechi, Mendibil, Larrabe, Ulibarri, Aspuru y Andico. Tal dispersión fue el motivo de que, tras una petición formulada por los vecinos en 1797 y el consiguiente pleito con los patronos, consiguiera Izoria un beneficiado más para su iglesia, servida hasta entonces sólo por un clérigo, en sentencia sancionada por Carlos IV el 8 de junio de 1800.
Esto no era nuevo, porque en 1556, cuando Izoria tenía 50 vecinos, servían su parroquia 2 clérigos dotados de buenos diezmos de grano, corderos, manzanas y dinero. No obstante, en 1748 cuando contaba el pueblo con 44 vecinos y en 1786, cuando se censaban en él 247 habitantes, todos labradores e hidalgos, tenía un sólo cura para atender a su parroquia. Una década después, cuando se hacía la petición de otro clérigo, se decía que "el pueblo de algunos años a esta parte se había aumentado excesivamente en su vecindario, de modo que en el día llegaban a 57 vecinos y a más de 200 personas de Comunión, las más en caseríos dispersos". Parece ser, sin embargo, que antes de mediar el siglo XIX, cuando había conseguido 2 clérigos para el servicio de su iglesia, la población había descendido, bajando a 43 vecinos y 143 habitantes.
A principios del siglo XX, contaba Izoria con 36 casas y 136 habitantes. En 1940 tenía 140, distribuios en 7 barrios y 6 caseríos dispersos; los barrios más poblados eran los de Ibarra y Ripa.
Si el barrio de Ripa fue el centro de la vida religiosa, como emplazamiento de la parroquia de San Julián, y el de Arechabala era una encrucijada en los caminos del río Izoria desde la Sierra Salvada al Nervión y al Camino Real a Arceniega y Balmaseda, el barrio Ibargüen tuvo importancia en la historia de Ayala como asiento de la torre de Ibargüen, casa fuerte de uno de los 5 Parientes Mayores de la Tierra de Ayala.

2/5/09

La Casa de Ibargüen


Los Ibargüen de Izoria, Parientes Mayores en Ayala, tenían tal poder que, en 1328, unidas sus fuerzas a las de los Perea, llamaron a la sucesión del señorío del valle a la rama de Ayala establecida en Toledo. Atendiendo a este llamamiento, y haciendo valer la legitimidad de su derecho llegaron a Ayala el que sería padre del Canciller, don Fernán Pérez de Ayala con su hermano mayor don Sancho Pérez; de tal modo que los señores de Ibargüen contribuyeron al giro histórico del valle de Ayala y aún de Álava entera, con el nuevo injerto de esta rama ayalesa en la provincia donde había tenido su origen.

La mucha guerra e contienda omeçidas que la muerte sin sucesión del señor de Ayala trajo a todo el valle, se había convertido, en efecto, en una lucha de linajes. Muerto sin sucesión legítima Juan Sánchez de Salcedo, pretendía el señorío García de Murga, su sobrino, hijo de su hermano bastardo Juan Sánchez Chiquilín, señor de la casa de Murga.

A los de Ibargüen e Perea e otros de Ayala no les placía el candidato. La razón era clara: si la casa de Murga, tan próxima a las de Ibargüen y Perea se convertía en señora del valle, haría demasiada sombra a los Parientes Mayores vecinos, mientras que el señorío de los Ayala en Quejana, siempre aceptado por las casas principales de la tierra, no cambiaba una situación establecida y aceptada desde siglos atrás.

Llegados desde Toledo Sancho Pérez de Ayala y su hermano Fernán se entabló una lucha a muerte entre estos y Sancho García de Murga apoyado por la casa de Salazar, quedando por fin el señorío en poder de los Ayalas, tras haber muerto Sancho García de Murga en el combate. La casa de Ibargüen debió acrecentar con este triunfo su poderío durante los siglos XIV y XV, mientras los Ayala crecían a su vez en riquezas, títulos y prerrogativas.

La varonía del apellido Ibargüen se encontraba en el apellido Uriondo cuando menos desde finales del siglo XVI. En la primera mitad del siglo XVII, vivían en el solar de Ibargüen, llamado en algunos documentos "Torre de Uriondo", José de Uriondo y Lucía de Aguirre, señores de la torre.

Su hijo, José de Uriondo, Alcalde Ordinario de Ayala en 1655, casado con Ana de Guinea, testaba en la Torre de Ibargüen en 1693, dejando por heredero del mayorazgo a su hijo Pedro de Uriondo, que, nacido en Maroño en 1647, iba a ostentar también el cargo de Alcalde Ordinario en 1695. Hija de éste y de Marina de Ibarrola, hija a su vez de Diego, señor de la casa de Ibarrola de Zuaza, también Alcalde Ordinario de Ayala en 1639, fue la última señora de la torre de apellido Uriondo, Mª Jacinta de Uriondo e Ibarrola, heredera de la torre y su mayorazgo, que casó con Francisco Antonio de Irabien.

Al morir Mª Jacinta, pasó la torre de Ibargüen a Francisco Javier de Irabien y Uriondo. La torre de Izoria se mantuvo así en el apellido Irabien unida a los solares y torres de Irabien en Quejana y Ullibarri en Respaldiza. Mientras uno de los descendientes, el hermano de Francisco Javier, Raimundo de Irabien y Uriondo, llegaba a ocupar los cargos de Ministro de la Real Audiencia de Cataluña, Presidente de la Chancillería de Valladolid y Gobernador de la Sala de Alcaldes en el Real y Supremo Consejo de Castilla.

Los señores de la torre seguían disfrutando entonces de señaladas prerrogativas en el valle de Ayala. Se la reconocía, como hemos dicho, como una de las primeras casas del territorio y hermana en lo antiguo con la del Conde de Ayala, Perea, Murga y Mariaca. En la iglesia de Izoria tenían sus señores banco propio en lugar preeminente, recibían los primeros la paz y el pan bendito y tenían preferencia en las procesiones, en la ofrenda y en el responsorio de su sepultura sin contradicción alguna. Gozaban en los montes de Maroño de las cortas de leña, pastos, aguas y demás emolumentos que producían, si bien tenían los señores la obligación de tener siempre reparada la presa y el cauce de su molino, de suerte que no cause perjuicios y daños.

El brillo de la casa de Ibargüen fue apagándose lentamente, como sucedió con la de Perea, hasta su destrucción más completa. Acaso los herederos de sus mayorazgos quedaron demasiado vinculados a la tierra, sin salir de sus solares, hasta que en tiempos no muy lejanos los abandonaron sin demasiada pena ni gloria.

Es muy significativo a este respecto el dato que en 1728, la heredera del mayorazgo y señora de la torre, Jacinta de Uriondo, no supiera firmar su testamento, como tampoco lo había podido firmar su madre Mª de Ibarrola, también señora de la torre infanzona de Ibargüen.

De la torre de Ibargüen no queda ni rastro, pero sabemos como se conservaba en 1758. Era una edificación de cal y canto con sus dos estribos de piedra de sillería que suben desde el suelo hasta el taxado por ambas esquinas de su frontera y delantera, como fortificándola.

Tenía su coto redondo, amplio y cerrado, llamado "La Serna", y encima de la puerta de la torre, un escudo de madera embutido en la pared. Llevaba las armas de Ibargüen: cinco castillos encarnados en campo blanco, en su primer cuartel; en el segundo una cruz de Calatrava y cinco corazones verdes, dos en la parte superior y dos en la inferior todo en campo de color de cielo obscuro; en el tercel cuartel un hombre de pie, vestido de cota y morreon afirmándose en la lanza que tiene en la mano derecha con su vanda encarnada ceñida del hombro yzquierdo al costado derecho, en campo azul celeste y en el cuarto cuatel dos espadas a la cruz con las puntas hacia el suelo y de la empuñadura de cada una un lebrel atado y a cada lado de las dichas espadas, en campo de color perla. En la parte inferior un letrero decía "Armas de la Casa Torre y Solar Ibargüen".
(Torres y Casas Fuertes en Álava/ Micaela Portilla)